domingo, 2 de diciembre de 2012

Sueño de una noche de diciembre


Escribí esto anoche, después de leer a MAG hablar sobre el Athlétic y su gente en otros tiempos, y sobre todo, después de verles jugar anoche, y de verles echar muchas ganas, aunque no les salieran bien las cosas.
Espero que les guste.
* * *
En Bilbao hay amarrada, bajo esta noche fría, una gabarra.
Es una gabarra que sueña.
En sus sueños, de los que no puede hablar con nadie, porque las cosas no tienen voz propia, no es una noche de diciembre.
En sus sueños, es de día, al final de la primavera, al inicio del verano quizás, y no está cubierta de los elementos por una lona azul y sucia, está engalanada de rojo y blanco.
Lleva sobre si a unos jóvenes leones levantando un trofeo, y se oyen risas, y voces, y música. Viene de las orillas del Nervión, donde miles, jóvenes y no tan jóvenes, les aclaman y se alegran con ellos.
Porque la victoria es suya también. No sólo porque son vecinos y paisanos, sino porque tienen el mismo sueño en común.
Escribir un renglón más de una gran, difícil, feliz, y larga historia.
Pero ahora, mientras la gabarra sueña, estamos al final del otoño, y el invierno está cerca.
Después de las noches en las que las cosas no salen bien, a veces parece que esté más cerca todavía.
Cuando eso ocurre, cuando hasta los leones tienen frío, ellos saben qué hacer: salen a correr. Su esfuerzo es el que les calentará desde dentro a fuera.
Su sudor es la materia, oscura y simple, de la que estará hecha la tinta con la que, un día, escribirán una página más de la felicidad soñada.
No es un sueño imposible, aunque, hoy, parezca un poco más lejano.
Cada paso dado, cada lección aprendida, cada gota de sudor, de sangre que corre impulsada por el corazón, estiran de él como se estira de una cuerda.
Y le traen más cerca de cruzar el umbral de lo posible y de ver la luz del sol, en un día de finales de primavera, principios del verano.
Ese día con el que sueñan unos jóvenes, unos más, otros no tanto.
Una multitud, de miles de hombres y mujeres, con corazón de león.
Y con el que sueña, también, sin que se la oiga, una silenciosa gabarra, arropada en una lona azul.

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