miércoles, 7 de diciembre de 2011

Triste destino

Sahin, Sahin, Sahin... y Altintop ¿donde está?


- ...aquí tengo encerrado a Altintop.
- Anda, por eso hacía tanto tiempo que no lo veía.
Mourinho y Karanka, en el último episodio de Crackóvia.


Triste destino el de Altintop.


Dudek era el reemplazo del irremplazable Casillas, condenado al ostracismo tras una derrota que tuvo una docena corta de padres y un solo damnificado.

El caso de Altintop es, si cabe, más desesperante.

Sin mediar derrota o excusa de por medio, no llega a reemplazo siquiera: es el repuesto del recambio del reemplazo de la segunda opción.

Bien es sabido que Mourinho no es amigo de hacer rotaciones. El medio campo entendido por el portugués se compone de Xabi Alonso y uno más. Aun si Mourinho consigue liberarse de esa incomprensible e inexplicable querencia por la extraña pareja de Khedira y Lass, como recambio, bien de uno, bien del otro, está Granero.

(Que es, en mi opinión, muy superior a ambos. Pero qué sabré yo.)

En el hipotético escenario en el que no jugase ninguno de estos tres, su puesto está más que ocupado por Sahin.


Las comparaciones son odiosas, y particularmente odiosas en el caso de Sahin. Por desgracia, necesarias.

Veamos primero las cifras.

Sahin, 114 minutos jugados, 90 de ellos, contra el Dinamo de Zagreb.

Altintop, 65 minutos jugados, 45 de ellos, contra el Dinamo de Zagreb.

No parecen demasiado disimilares.

Si miramos lo que no son cifras, que son de por si parcas, tendremos que remitirnos al único teatro disponible fuera de la galaxia blanca: las selecciones nacionales.

Allí Altintop, a diferencia de Sahin, es titular indiscutible en la selección turca, y ha sido incluso capitán de la misma. Sahin es, allí si, tan solo suplente.

Esto es lo que tenemos. Sin embargo el revuelo mediático no puede ser más dispar:

Sahin: portada, portada, portada.

Altintop: nada, nada, nada.

A Sahin se le festeja y se le pone en portada si o si, incluso cuando hace algo tan intrascendente como entrenar con el Castilla.

E imitando al de Setúbal, yo me pregunto: ¿por qué?


Supongo que porque, a diferencia de en el caso Sahin, por él su representante no se llevó comisiones millonarias, a costa de una cláusula de rescisión de ésas que rellenan titulares con jugosas cifras.

Él llegó por libre. Y probablemente presentado por su agente Reza Fazelli como "...y de regalo, un mediocentro casi gratis."



Nos indignamos por las cifras pagadas por Florentino Pérez y sus secuaces por paquetes que no dan la talla del Real Madrid.

Nos indignamos, y con razón.

Pero es mucho más indignante -creo yo- ver lo que se hace con las auténticas gangas.

Porque los jugadores criados en la cantera blanca todavía son cedidos a otros clubes. Pueden tener minutos, y ser titulares y puntales de sus equipos.

Aunque sea para que, después de hacerse imprescindibles en las alineaciones, el Real Madrid pueda decir "éste no juega, que es de los míos, apáñate como puedas".

Al menos es poder competir. Al menos es poder contar para algo.


A Altintop le espera tan solo el banquillo.

O, como mucho, el típico partido en el que juega hasta el masajista. O los minutos de la basura, cuando está ya todo decidido. En los que no se lucha por nada. En los que no se puede aportar nada.

Y por esto ni le recuerdan, ni le quieren, ni le dan siquiera la línea negra de la parte de abajo de la portada de un panfleto, por muy madridista que diga ser. Porque en el banquillo no cuenta.

Para un deportista cualquiera, poder competir es el sol para el que se levantan por la mañana.

Para un deportista de equipo, poder aportar algo de valor es el aire sin el que se ahogan a cada minuto.


Triste destino.


Su cumpleaños es mañana.

El mejor regalo de cumpleaños que se me ocurre para él, aunque sea con retraso, sería que Florentino lo vendiera en el mercado de invierno.

Aunque sea por la puerta de atrás. Aunque sea casi de estraperlo. Aunque sea casi de regalo.

Que lo venda por cuatro perras.

Pero al Trabzonspor.

Así sería, no ya casi regalo, sino un doble regalo. Para él y para su hermano gemelo Halil.

Porque -aunque estoy casi seguro de que no tendrán costumbre de celebrarla en su casa- siempre es bueno volver a casa por Navidad.

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